Saltar al contenido

Adónde vamos y de dónde venimos en el Universo

Las estrellas que observamos en el cielo asemejan fijas y asimismo inmutables, así como si estuvieran ancladas a la bóveda celeste. Por eso, las constelaciones asemejan no mudar con el pasar de los años y nuestro conocimiento del firmamento va pasando de generación en generación. Sin embargo, visualizaciones precisas enseñaron que las estrellas sí cambian de situación en un largo período y, por lo tanto, la figura de las constelaciones se diluye con el paso de los siglos. Este movimiento de las estrellas, indetectable a simple vista, exhibe que las estrellas tienen un movimiento propio y asimismo sin dependencia.

El movimiento propio de las estrellas

Estamos en incesante movimiento. La Tierra rota sobre sí al tiempo que orbita cerca del Sol. Por su lado, el Sol, ubicado en entre los brazos de la Vía Láctea, da vueltas cerca de la galaxia. Hasta el momento, la Vía Láctea mantiene un baile cósmico con Andrómeda y la Galaxia del Triángulo. Y todo lo citado sin que nosotros apreciemos el considerablemente más mínimo efecto en nuestros cuerpos.

Más allá de estos movimientos que se conocen desde siglos, el día de hoy vamos a ir a investigar el movimiento propio de las estrellas. Este movimiento está causado por el movimiento verdadero de las estrellas con en comparación con Sistema Del sol y es sin dependencia de la rotación de la Vía Láctea u otros movimientos galácticos. Y pasa que las estrellas se mueven “a su aire” por la galaxia. Y el Sol, además.

Estos movimientos son bien bien difíciles de ver y se necesitan medidas muy precisas durante múltiples años para poder registrarlos. En la próxima animación se muestra el movimiento de una estrella en relación a el resto durante 20 años.

estrella de Barnard
Movimiento propio de la estrella de Barnard durante 20 años

Hacia dónde se desplaza el Sol

Supongamos por un momento que la estrella que se desplaza en la animación fuera nuestro Sol. Desde nuestra visión veríamos de qué forma algunas estrellas están de a poco mucho más cerca nuestro, al paso que otras se alejan. Este movimiento tiene un efecto atrayente, pero que todos hemos experimentado en algún instante.

Considera que vas en el turismo por la autopista a 100km/h. Las farolas que tienes enfrente, poco a poco, asemeja que se van separando según nos fuimos acercando a ellas. ¿Verdad? Por el contrario, si miras por el retrovisor, las farolas que vamos dejando atrás asemeja que de a poco mucho más estando considerablemente más cerca. Bien. Pero vas a estar pensando, ¿y qué debe ver este efecto de visión con la astronomía? Puesto que muy sencilla. Si el Sol se desplaza por la galaxia, habrá estrellas que parecerá que se separan en la dirección hacia la que nos movemos. Y, por el contrario, habrá estrellas que se marchan a ir juntando en la dirección de la que venimos.

El Ápex del sol y el antiápex

El ápex del sol es el punto del firmamento que establece la dirección donde el Sol se desplaza con en comparación con resto de estrellas. Por lo tanto, las estrellas cercanas al ápex del sol deberían separarse con el pasar de los años. Por su lado el antiápex es el punto que establece la dirección de la que venimos. Y, por tanto, las estrellas cercanas al antiápex deberían tener un movimiento aparente de aproximación.

Visualizaciones precisas han comprobado esta teoría y han calculado la situación en el cielo del ápex y el antiápex. El ápex del sol está en la constelación de Hércules, cerca de la estrella Vega. Las coordenadas ecuatoriales de este punto son 18h 28m, +30°. Por su parte, el antiápex está en la constelación del Cánido Menor, cerca de la estrella ζ Canis Minoris.

apex-solar
Situación del Ápex Del sol en el cielo

En un producto previo hablamos del movimiento aparente de las estrellas merced a la traslación de la Tierra cerca del Sol. Este movimiento con en comparación con fondo de estrella inmutables era lo que llamamos paralaje. Quizá en este exacto instante estés suponiendo que el paralaje y el movimiento propio son cosas similares. Pero el paralaje y el movimiento propio no tienen relación. En el instante en que observamos cambios de situación por paralaje, son una simple cuestión de visión. Pero tras un año, en el instante en que la Tierra vuelva al mismo ubicación que ocupaba en su órbita, el método que tendremos será el mismo y la estrella estará en precisamente exactamente la misma situación. Sin embargo, en el instante en que hay movimiento propio de la estrella, esta no volverá a precisamente exactamente la misma situación, sino más bien se habrá apartado. Al paso que el paralaje es un movimiento aparente por visión; el movimiento propio es un movimiento real.

Adónde vamos y de dónde venimos

El descubrimiento del ápex y el antiápex puede sugerir contestación a entre las cuestiones mucho más usuales de la raza humana: ¿adónde vamos y de dónde venimos?

Bien, puesto que en términos astronómicos podemos decir que vamos hacia Hércules y venimos del Cánido Menor. Así mismo, comprendemos que el Sistema Del sol se desplaza hacia el ápex, en la constelación de Hércules, a una agilidad de 16,5 km/s. De esta manera, nos distanciamos del antiápex, cerca de Canis Minoris, a precisamente exactamente la misma agilidad.

Un descubrimiento histórico

El movimiento propio del Sol con en comparación con resto de estrellas fue descubierto en 1783 por William Herschel. Fue un descubrimiento de máxima importancia, ya que en esa temporada todavía imperaba la teoría heliocéntrica y se pensaba que el resto de estrellas orbitaban cerca del Sol. Sin embargo, visualizaciones precisas de Herschel probaron que las estrellas considerablemente más cercanas al Sol tenían movimientos anárquicos y, como es natural, no orbitaban al Sol. Merced a estas visualizaciones, Herschel razonó que las estrellas tenían un movimiento propio en vez de sostenerse inmutables en el cosmos.

Nuestro Herschel fue el primero en calcular la situación del ápex del sol. Determinó que el Sol se desplaza hacia cierto punto situado en la constelación de Hércules, no muy lejos del ápex que conocemos hoy en día.

Merced a este descubrimiento, Hertzprung calculó los patrones de movimiento de estrellas próximas en las que sí se podía hallar la distancia por paralaje. Y extrapoló estos resultados a estrellas considerablemente más lejanas, con cada vez menos movimiento propio. De esta forma, logró medir, por primera vez, la distancia de una estrella Cefeida. Desde ahí, se pudo por fin emplear el trámite de las Cefeidas, descubierto por Henrietta Leavitt, para medir las distancia de elementos lejanos.