Saltar al contenido

El Sol y los anillos de los árboles

Nuestro Sol es una estrella, y como tal, dentro suyo se generan reacciones de fusión nuclear. Este desarrollo crea turbulentos movimientos de plasma cargado en la región de convección, que juegan un papel fundamental en la producción de los intesísimos campos imantados de su área, los que lanzan al espacio de manera beligerante un sinnúmero de materia a alta velocidad, adjuntado con el incesante —y menos energético— fluído del viento del sol.

En la Tierra podemos consultar su efecto merced a las auroras polares. La corriente de radiación y partículas cargadas bañan todo nuestro sistema estelar.

El viento solar llega hasta los confines de nuestro Sistema Solar creando una burbuja gigante conocida como heliosfera. Créditos: NASA / IBEX / Adler Planetarium.

El viento del sol llega hasta los confines de nuestro Sistema Del sol creando una burbuja enorme famosa como heliosfera. Crédito: NASA / IBEX / Adler Planetarium.

LOS RAYOS CÓSMICOS

Rayos cósmicos penetran en nuestra atmósfera y crean una lluvia de partículas secundarias. Crédito de la ilustración: Simon Swordy ( U. Chicago ), NASA

Rayos galácticos penetran en la atmósfera creando una lluvia de partículas secundarias. Crédito: Simon Swordy (U. Chicago), NASA.

En contraste a la lluvia de partículas procedentes del Sol, una ingente proporción de núcleos atómicos de enorme energía, procedentes del medio interestelar, asimismo apalean contra los cuerpos de todo cuanto conocemos bajo la predominación de nuestra estrella.

A esta clase de radiación —de la que todavía no se conoce ni su procedencia ni su naturaleza, precisamente— se le llama “rayos galácticos”.

Estos rayos galácticos, increíblemente energéticos —gracias a su agilidad— penetran en nuestra atmósfera y también interactúan con las moléculas de exactamente la misma, provocando una cascada de partículas muy particulares para estudiar, exactamente, su naturaleza y rincón de origen.

CICLO SOLAR DE 11 AÑOS

Como hemos dicho antes, nuestro Astro Rey, crea unos intensos campos imantados en su área.

En 2001 la región activa 9393 albergó uno de los mayores grupos de manchas solares observado hasta ahora. ¡El 30 de marzo de ese año el área de manchas solares dentro del grupo abarcó una superficie 13 veces superior a la de la Tierra!

En 2001 la zona activa 9393 cobijó entre los mayores conjuntos de máculas solares visto hasta hoy. ¡El 30 de marzo de ese año el área de máculas solares en el conjunto englobó una área 13 ocasiones mayor a la de la Tierra! Crédito: Del sol and Heliospheric Observatory.

Estos acontecimientos electromagnéticos son perceptibles en la área del Sol. Se desarrollan arbitrariamente unas máculas oscuras, que podemos consultar a ojo de buen cubero desvisto desde la Tierra. De estas máculas brotan las eyecciones de masa coronal (de esta manera se nombran a las tormentas solares), que son las causantes directas de cuantificar la actividad del Sol (cuantas mucho más máculas, mucho más actividad; cuantas menos máculas, menos actividad).

Gracias mientras que se ha destinado a la observación y cuantificación de estos oscurecimientos puntuales del disco del sol —de múltiples siglos en la situacion observacional y de múltiples décadas en el estudio de la radiación—, se llegó a la conclusión de que prosiguen un patrón de oscilación muy concreto entre el máximo y el mínimo de unos 11 años.

LOS ANILLOS DE LOS ÁRBOLES

Los nucleones de los rayos galácticos que llegan a nuestra atmósfera chocan contra los átomos de nitrógeno —que en ella están en un 78%— y los convierte en el popular isótopo del carbono que usamos para la datación temporal, el carbono 14, el que es absorbido por las plantas mediante la fotosíntesis y fijado dentro suyo a lo largo de una cantidad enorme de años.

Los anillos de los árboles nos se usa para saber sus edades y distintas características mucho más socias a ellos. Pero en estos anillos asimismo queda fijado ese carbono 14 que se genera en las relaciones que hemos descrito.

Midiendo la proporción de carbono 14 que está en todos y cada anillo, y sabiendo el tiempo pasado entre los anillos medidos, observamos una variación de la cantidad máxima y mínima de este isótopo del carbono, en intervalos de 11 años, encontrados en estos círculos. ¿Al azar?

Los científicos usan los anillos de los árboles como 'relojes' para estudiar, entre otras cosas, la cantidad de carbono 14 que se encuentra en cada uno de ellos. Gracias a esto, y debido a que cada anillo representa un año, podemos saber la cantidad de radiación cósmica que nos bombardeaba en cada época de nuestra historia.

Los científicos utilizan los anillos de los árboles como ‘relojes’ para estudiar, entre otras muchas cosas, la proporción de carbono 14 que está en todos y cada uno. Merced a esto, y ya que cada anillo representa un año, tenemos la posibilidad de entender la proporción de radiación galáctica que nos bombardeaba en todos y cada temporada de nuestra historia.

EL VIENTO SOLAR COMO PATRÓN DE INTERFERENCIA

En tiempos de baja actividad del sol, el escudo natural, se desgasta y una mayor proporción de rayos galácticos llega hasta las zonas internas del sistema del sol. Crédito de la ilustración: NASA.

Podría parecer una paradoja pero, exactamente, aquello con lo que nuestra estrella mucho más daño nos podría ocasionar en un corto plazo y de una forma muy puntual (su atmósfera, que nos envuelve), es lo que nos resguarda, en cierta manera, de los rayos mucho más energéticos que nos llegan de otras zonas de nuestra galaxia —y de otras galaxias.

Y sucede que entendemos que el viento del sol sirve como escudo contra la radiación galáctica, que cada 11 años halla un máximo y un mínimo de resquicios para hallar llegar hasta nuestras plantas y dejarnos, a esos que las observamos, impresionados con lo que nuestro Cosmos y la naturaleza es con la capacidad de revelarnos.