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En el vecindario de las enanas rojas no hay quien viva

Impresión artística de la superficie de Proxima Centauri b, el planeta extrasolar más cercano al Sol.
Impresión artística de la área de Proxima Centauri b, el mundo extrasolar mucho más próximo al Sol. ESO/M. Kornmesser

Las enanas rojas son pequeñas estrellas –su masa y diámetro no llega a media parta de los del Sol– parcialmente frías. Son las más habituales en la Vía Láctea, y hemos descubierto bastantes exoplanetas en sus zonas de habitabilidad –la distancia en relación a ellas donde probablemente halla agua líquida–, lo que ha liberado las especulaciones sobre las opciones de que haya vida en los mundos que las orbitan. Pero una investigación publicada en The Astronomical Journal, fundamentada en datos recogidos por el observatorio de rayos X Chandra de la NASA y el telescopio espacial Hubble, señala que la mayor parte de las enanas rojas desarrollan ámbitos infernales.

Muerte por achicharramiento

Las visualizaciones se han basado en la estrella de Barnard, ubicada a solo 6 años luz de la Tierra –se encuentra dentro de las mucho más próximas–. Y han constatado que a lo largo del 25 % del tiempo esta enana roja emite poderosos rachas de rayos X y ultravioleta de alta energía que erosionarían las atmosferas de cualquier mundo próximo o lo abrasarían. Ahora se sabía que esto era de esta forma en la situacion de las enanas rojas mucho más jóvenes, pero no se había constatado en la situacion de las mucho más viejas, como la estrella de Barnard. Conclusión: estos cuerpos celestes serían hostiles a la vida en los planetas de su región de habitabilidad, lo que los descartaría como objeto de estudio en la búsqueda de organismos extraterrestres.

Las estrellas mucho más pequeñas tienen una vida mucho más extendida que las estrellas mucho más enormes. Más allá de que las estrellas como el Sol tienen una vida útil de unos diez 000 millones de años, aun las estrellas enanas rojas mucho más viejas aún no han fatigado sus reservas internas de hidrógeno. Las enanas rojas mucho más pesadas tienen una vida útil de millones de millones de años; los mucho más pequeños tienen una vida útil de billones de años. En comparación, el cosmos tiene solo 13 800 millones de años. Las sutiles enanas rojas van a ser las últimas estrellas que brillarán en el cosmos.

Las enanas rojas no van a pasar por una etapa de enorme roja en su evolución. Dado a que la convección sucede mediante toda la estrella, el hidrógeno se recircula todo el tiempo desde las zonas ajenas al núcleo. Las estrellas como el Sol no son absolutamente convectivas y, por consiguiente, queman solo el diez por ciento de su hidrógeno que está en sus núcleos. En el momento en que ese hidrógeno se agote, semejantes estrellas se expandirán de enorme manera conforme empiecen a abrasar hidrógeno en una cubierta que circunda sus núcleos de helio. Las enanas rojas, no obstante, gracias a la convección, son totalmente eficaces y quemarán su suministro de hidrógeno. Entonces se volverán mucho más calientes y mucho más pequeñas, transformándose en enanas azules y al final finalizando con sus vidas como enanas blancas.

Gracias a su baja iluminación, la región habitable de una enana roja (la zona próxima a una estrella donde se puede hallar agua líquida en la área de un mundo) está muy cerca de la estrella. Un mundo en esa zona orbitaría a la enana roja cada unas semanas y, por ende, con frecuencia transitaría su estrella. Además de esto, los tránsitos serían bastante visibles, puesto que el pequeño radio de una enana roja quiere decir que una mayor una parte de la estrella estaría cubierta por el mundo que pasa.

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